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Wembley 2024. El Borussia Dortmund había llegado a la final de la Champions League con un equipo que nadie esperaba ver allí. Jóvenes talentos, veteranos con hambre y un estadio, el Signal Iduna Park, que empujaba como ningún otro en Europa. Perdieron 2-0 contra el Real Madrid, pero aquella temporada recordó al mundo lo que el Dortmund representa: fútbol de alma, de afición, de proyecto colectivo frente a los petrodólares del fútbol moderno.
Un título de Champions League y tres finales disputadas. Esos números definen la historia europea del Borussia, un club que ha competido al máximo nivel de manera intermitente pero siempre con intensidad. El título de 1997 sigue siendo el momento cumbre, la noche donde el fútbol alemán volvió a la cima de Europa.
En este análisis recorro la historia del Dortmund en la Champions, desde el título de 1997 hasta las finales perdidas que dejaron el sabor agridulce de lo que pudo ser.
El Título de 1997
La Copa de Europa de 1997 llegó al Dortmund cuando menos se esperaba. El equipo de Ottmar Hitzfeld había ganado la Bundesliga pero no era considerado favorito para el título europeo. El Ajax defensor del título, la Juventus de Lippi y el Manchester United parecían más preparados para la gloria continental.
El camino a la final incluyó eliminatorias difíciles. El Auxerre cayó en cuartos y el United en semifinales después de un 1-0 memorable en Old Trafford. Riedle, Sammer y Möller lideraban un equipo compacto que defendía con orden y atacaba con velocidad en las transiciones.
La plantilla de 1997 combinaba experiencia alemana con talento internacional. Stefan Reuter aportaba solidez en la banda derecha, Andreas Möller creaba juego desde el centro del campo, y Karl-Heinz Riedle garantizaba goles en las áreas. Era un equipo sin fisuras evidentes, capaz de competir físicamente contra cualquier rival europeo.
La final contra la Juventus en Múnich fue el partido perfecto. El Dortmund ganó 3-1 con goles de Riedle (doblete) y el joven Lars Ricken, que entró desde el banquillo y marcó con un lob espectacular sobre Peruzzi. Aquella noche, el fútbol alemán celebró un título europeo que no llegaba desde el Bayern de los setenta.
El título de 1997 sigue siendo el único del Dortmund en la máxima competición continental. Matthias Sammer ganó el Balón de Oro ese año, reconociendo su papel como líbero moderno en un equipo que supo competir contra rivales con mayor presupuesto.
Las Finales de 2013 y 2024
El Dortmund de Klopp llegó a la final de 2013 después de una temporada espectacular. El equipo había eliminado al Real Madrid en semifinales con goles de Lewandowski que todavía se recuerdan en el Signal Iduna Park. El polaco marcó cuatro goles en la ida, destrozando a la defensa madridista en una exhibición que anunciaba su futuro como uno de los mejores delanteros del mundo. La final contra el Bayern en Wembley era el derbi alemán definitivo.
El partido terminó 2-1 para el Bayern con gol de Robben en el minuto 89. El Dortmund había tenido ocasiones para ganar pero no las aprovechó. Gündogan adelantó al equipo desde el punto de penalti, pero Mandzukic empató y Robben sentenció en el último suspiro. Klopp abrazó a sus jugadores después del pitido final, consciente de que habían caído contra un rival ligeramente superior pero que la temporada había sido extraordinaria.
La final de 2024 contra el Real Madrid fue diferente. El Dortmund llegó como sorpresa absoluta, un equipo que había navegado eliminatorias imposibles con una mezcla de juventud y experiencia. Füllkrug, Sancho, Reus en su última temporada. Un proyecto que emocionaba por su autenticidad.
El camino a Wembley incluyó victorias contra el PSV, el Atlético de Madrid y el PSG. En cada eliminatoria, el Dortmund encontró la manera de sobrevivir contra rivales teóricamente superiores. La defensa liderada por Hummels, que había vuelto al club después de años en el Bayern, era la base de un equipo que concedía poco y aprovechaba sus ocasiones.
El Madrid ganó 2-0 con goles de Carvajal y Vinícius en la segunda parte. El Dortmund había aguantado durante 74 minutos y tuvo ocasiones para adelantarse. Adeyemi desperdició un mano a mano claro en la primera parte, y Füllkrug estrelló un remate en el poste. Pero la experiencia madridista en finales terminó siendo decisiva. Una vez más, el Dortmund se quedó a un paso de la gloria.
Las Generaciones de Klopp y Tuchel
El Dortmund moderno tiene dos referencias técnicas que marcaron épocas. Jürgen Klopp llegó en 2008 y construyó un equipo que ganó dos Bundesligas consecutivas y alcanzó la final de Champions en 2013. Thomas Tuchel continuó el trabajo y mantuvo al club competitivo antes de marcharse a otros proyectos.
La era Klopp definió la identidad actual del Dortmund. El gegenpressing, la intensidad sin balón, la conexión emocional con la afición. El Signal Iduna Park se convirtió en el estadio más temido de Europa, un muro amarillo que empujaba al equipo en cada partido.
Klopp llegó a un club en reconstrucción y lo transformó en aspirante a todo. Las dos Bundesligas consecutivas de 2011 y 2012 rompieron la hegemonía del Bayern y demostraron que el Dortmund podía competir al máximo nivel con una fracción del presupuesto. El fútbol de transiciones rápidas y presión asfixiante se convirtió en modelo para entrenadores de todo el mundo.
Los jugadores que pasaron por el Dortmund en esos años se convirtieron en estrellas mundiales. Lewandowski, Götze, Hummels, Reus, Aubameyang, Sancho, Haaland, Bellingham. El club funcionaba como cantera de élite, desarrollando talentos que luego vendía a precios récord para mantener la competitividad financiera.
La filosofía del Dortmund se basa en la paciencia. Fichar jóvenes con potencial, darles tiempo para desarrollarse, venderlos cuando su valor es máximo y reinvertir en la siguiente generación. Es un ciclo que ha funcionado durante décadas pero que hace difícil mantener a los mejores jugadores cuando los grandes clubes llaman a la puerta.
El modelo del Dortmund contrasta con el de los clubes respaldados por estados. Sin la inversión del City o el PSG, el Dortmund compite con un presupuesto limitado y una filosofía clara. Las finales perdidas duelen, pero el título de 1997 y las temporadas de ilusión demuestran que otro fútbol es posible.
El Signal Iduna Park sigue siendo el corazón del proyecto. Más de 80.000 espectadores en cada partido, una atmósfera que intimida a cualquier rival, y una conexión entre equipo y afición que pocos clubes pueden igualar. Mientras ese ambiente exista, el Dortmund seguirá siendo contendiente en Europa y aspirando a repetir la gloria entre los ganadores de la Champions League.